La industria textil argentina es un sector clave de la economía, con una fuerte tradición en la producción de fibras naturales, confección y diseño. A lo largo de su historia, atravesó ciclos de crecimiento y crisis, marcados por los vaivenes económicos y la competencia internacional. Hoy, enfrenta desafíos como la apertura de las importaciones dispuesta por el gobierno de Javier Milei, los costos de producción y tributarios.
El empresario del sector y vicepresidente de la Fundación Pro Tejer, Marco Meloni, afirmó en Ser Industria Radio que se está repitiendo una situación semejante al final de la convertibilidad. Señaló además, que en los 90, la Argentina acompañó un proceso globalizador, pero ahora marcha en sentido contrario a los principales países del mundo que protegen a sus industrias y trabajadores.
Meloni, que también es vicepresidente de Industriales PyMEs Argentinos (IPA), puntualizó que, desde la llegada de La Libertad Avanza, los servicios para la industria aumentaron 150% en dólares. Alertó que en el primer bimestre la importación de calzado y textiles creció 95% interanual.
¿La apertura de importaciones plantea serios desafíos para la industria textil?
Más que desafíos, estamos en una guerra muy desigual. Hace mucho que venimos luchando. Hay variables que dependen del industrial, como la renovación tecnológica, la productividad, los costos internos… Desde los tiempos de Martínez de Hoz hasta ahora, cerraron más de 4.000 empresas textiles en los distintos gobiernos que atacaron esta industria. Algunos existimos desde esa época o un poco menos. Sobrevivimos y siempre decimos que la lucha es desigual, más en este momento donde planchan el dólar, suben los costos en dólares, 250% el agua, 150% la electricidad, 200% el gas y de logística un 150%. Es difícil a una tasa de interés que con el crawling peg actual está en el 30% en dólares, cuando en Europa y Estados Unidos se financian con un 3%. En ese contexto, quieren que seamos competitivos…
La apertura elimina barreras…
Si, sacan las normas sanitarias. Eliminan las Declaraciones Juradas de Composición y Producto (DJCP), haciendo ingresar cualquier cosa. Como referencia, señalo que Bangladesh es considerado el país más exportador y la OMS lo tildó como el menos higiénico del mundo. Eliminaron los valores de criterio, con lo se puede importar a cualquier precio. Conociendo lo que pasó en las aperturas de Martínez de Hoz, el “1 a 1” y los cuatro años de Macri, la Aduana pasa a ser la variable de ajuste. Está demostrado que en el 2001 uno de los problemas fue la falta de dólares para pagar la fiesta que hacíamos al comprar afuera, mientras la recaudación bajaba, porque se subfacturaban los precios de importación, por la falta de control y la eliminación de los valores de criterio.

¿Es similar a la gestión de Martínez de Hoz?
Lo que estamos viviendo recuerda a los últimos años de la convertibilidad, con la diferencia que fue un proceso de 11 años. Son los mismos parámetros, pero peor, porque en aquellos años el modelo de Menem y De la Rúa acompañaba algo que estaba imponiendo el mundo, el Consenso de Washington de 1990-91, la globalización. No podíamos ser el cisne negro, si queríamos entrar a un mundo globalizado, para estar al lado de los países occidentales, desarrollados.
¿Hay alguna diferencia?
La diferencia es que ahora se está comprimiendo a una velocidad extraordinaria mientras todo el mundo va en sentido contrario, se protege, sube aranceles, cuida a sus trabajadores. En Estados Unidos, Trump dice “subo los aranceles y después hablamos”. Por ejemplo, Argentina es el primer exportador de limones en el mundo y Estados Unidos es un gran mercado. Cuando le faltan limones. arreglamos, somos buenos. Cuando ellos tienen para exportar, nos dicen que la cáscara es un milímetro más gruesa y no podemos entrar por alguna de sus normas. En Europa, son mucho más ordenaditos y menos alocados. Pero hicieron un plan que empezó en junio del año pasado, se llama 2024-2030, donde en cuatro años a 14 industrias, entre ellas la textil, les van a exigir un Pasaporte Digital. Allí debe constar cómo se hizo la mercadería, cuánto contaminamos, cuánto carbono emanó, cómo es la trazabilidad social, la certificación de que el trabajador tiene su descanso, obra social… En 2030, si se cumple, a Europa no va a entrar nada, va a venir todo para acá.
¿Ya se siente el impacto de la importación?
En dos meses la comparación interanual de calzado y textiles subió 95% y no hay dólares para pagarlas. Hay superávit, pero no hay dólares para pagarle al FMI, ni los intereses… tampoco para hacer los giros de los royalties y las ganancias de las multinacionales. Se repite lo mismo que al fin del 2001. Había mucho mejor performance, una inflación del 0%, pero no había dólares. ¿Qué pasó? 25% de desocupación, 25 muertos y explotó todo. Eso es lo que veo yo. Esas cosas están pasando aceleradamente en un año y dos meses de gestión.

Se afirma que la industria textil es cara. ¿Cuál es el componente impositivo de sus productos?
Esa es una pregunta clave. Lo voy a simplificar. Podemos ser productivos, eficientes y tener muy buenos costos de la puerta para adentro. Pero nos aumentaron luz, gas y agua, 150% promedio, en dólares. Con la electricidad, pagamos IVA. En España es 11%, en Argentina 30% y además están todos los impuestos y tributos posteriores que conocemos, IVA, ingresos brutos… Ingresos brutos existe solo en nuestro país y se acumulan eslabón por eslabón al comprar la tela, al confeccionarla, en la marca, en la venta… Después, están los gastos bancarios y llegamos al 50,5%. De una prenda que vale $100.000, ya estamos en menos de la mitad. Después, si se compra en el shopping, entre las promociones, el banco, el costo del shopping, la publicidad y la logística, hay otro 40%. Es decir, a nosotros nos queda entre el 8% y el 10% del valor. Significa que una remera que se vende a $80.000, demanda $8.000 para hacerla.
¿Hay mucha competencia en el rubro?
Actualmente tenemos 5.000 textiles, 6.000 talleres y 7.000 marcas. Se puede conseguir un pantalón por $14.000 o $200.000, en el medio al precio que quieras. Tenemos para competir. No estamos cartelizados como la leche o la nafta, donde todos aumentan lo mismo o la electricidad, el agua, el gas, que no tienen competidores. Nosotros tenemos una brecha de 10.000 a 200.000, 20 veces. ¿Hay un lugar donde la nafta cuesta 20 y otro donde se pague 1? No. Nos atacan por demagogia. Es fácil atacar a una industria tan polarizada como la nuestra, que tiene un montón de cámaras y emplea indirectamente a 500.000 personas con una oferta tan polarizada de todo tipo de productos.
¿Qué siente un industrial cuando lee que los senadores van a cobrar $9 millones mensuales?
Una de las necesidades que tenemos los industriales, es que el dinero se distribuya y que un trabajador pueda comprar, en nuestro caso, indumentaria. Eso no sucede concentrando, no sólo en los senadores o en la city especuladora, donde 100.000 personas se llevan fortunas con el carry trade. Al mismo tiempo, hay un montón de argentinos a las que no les alcanza para pagar los servicios esenciales, que aumentaron el doble de lo que aumentó la ropa. Veo una gran injusticia de todo tipo.